La deuda de EU supera los 40 billones

La deuda pública bruta de Estados Unidos rebasó por primera vez la marca de 40 billones de dólares, según datos del Departamento del Tesoro publicados el martes, en un hito que confirma la aceleración de un problema fiscal que llevaba años acumulándose. El saldo total pendiente cerró en 40.05 billones de dólares al final de esa jornada, por encima de las previsiones previas de la Oficina Presupuestaria del Congreso, que había calculado que ese nivel se alcanzaría hasta el cierre del año fiscal 2026.

El salto se produce en un momento en que Washington sigue financiando su funcionamiento con déficit y depende de la emisión de deuda para cubrir gasto corriente, compromisos militares y recortes fiscales. A ese cuadro se suman obligaciones crecientes en Seguridad Social y sanidad, dos partidas que presionan las cuentas federales a largo plazo y reducen el margen de maniobra para contener el endeudamiento sin ajustes de fondo.

Señales de tensión en el mercado

El récord no llegó aislado. En los mercados de bonos, los rendimientos de los títulos del Tesoro a largo plazo subieron el martes a su nivel más alto desde 2007, reflejando el encarecimiento general del financiamiento en un entorno marcado por la inflación, la guerra en Medio Oriente y la inquietud por el déficit público. Aunque el Departamento del Tesoro adoptó después medidas para estabilizar ese segmento del mercado, lo que presionó a la baja los rendimientos, el episodio dejó claro que los inversionistas exigen una prima mayor para prestar a largo plazo al gobierno estadounidense.

Ese aumento del costo de la deuda tiene un efecto acumulativo. Cada refinanciamiento se realiza a tasas más altas que las de años anteriores, incluidas las que precedieron a la crisis financiera global de 2008, lo que eleva el peso de los intereses dentro del presupuesto federal. A diferencia de una crisis de liquidez puntual, el problema aquí es estructural: el déficit ya no responde solo a emergencias temporales, sino a una combinación de gasto persistente, menores ingresos relativos y una base demográfica que encarece los programas sociales.

Un desequilibrio que ya se veía venir

Jessica Riedl, investigadora de Brookings Institution especializada en presupuesto y fiscalidad, recordó que la trayectoria fiscal de Estados Unidos era insostenible desde hace tiempo. Según sus cálculos, el país ha acumulado un déficit de aproximadamente 2 billones de dólares incluso en periodos de paz y prosperidad. Su observación es relevante porque corrige una lectura complaciente de las cuentas públicas: el problema no se explica solo por choques recientes, sino por una normalización política del déficit como herramienta permanente de financiamiento.

Riedl también señaló que lo que antes alarmaba a los mercados, déficits de entre 3.0% y 4.0% del PIB, hoy se ha desplazado hacia niveles cercanos al 6.0% o 7.0%. Ese cambio importa porque indica que el umbral de tolerancia fiscal se ha movido hacia arriba, no por una mejora en la salud de las finanzas públicas, sino por la incapacidad de corregirlas. En paralelo, el envejecimiento de la población seguirá empujando al alza el gasto en prestaciones, mientras los pagos de intereses reducen el espacio para inversiones o recortes selectivos.

Más allá de la cifra récord, el dato de 40 billones de dólares mide la distancia entre la escala del Estado federal y su capacidad para sostenerla sin depender de un mercado cada vez más sensible al riesgo fiscal. El desafío para Washington ya no es solo evitar otro aumento de deuda, sino convencer a los acreedores de que existe una ruta creíble para estabilizarla en una economía que combina crecimiento desigual, presiones inflacionarias y obligaciones de largo plazo cada vez más pesadas.

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