Indicadores del IMEF advierten pérdida de impulso y bajo crecimiento en la economía mexicana

La economía mexicana mantiene señales de recuperación frente a la etapa de mayor debilidad registrada en meses anteriores, pero el avance perdió fuerza y comienzan a reaparecer indicios de estancamiento. El indicador elaborado por el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) correspondiente a agosto mostró que la actividad permanece cerca de un escenario de bajo crecimiento, sin evidencias de un deterioro profundo, aunque tampoco de una expansión sostenida.

El reporte, difundido este martes, se basa en una encuesta de cinco preguntas cualitativas dirigida a evaluar el entorno económico. Su propósito es anticipar la trayectoria de los sectores manufacturero y de servicios y, a partir de su comportamiento esperado, aproximar la posible evolución de la economía nacional en el corto plazo. Por tratarse de un indicador adelantado, sus resultados no sustituyen las mediciones oficiales de producción, pero sí permiten identificar cambios en la percepción de empresas y especialistas antes de que se reflejen plenamente en otros datos.

Manufactura cerca del umbral, pero aún en contracción

El Indicador IMEF manufacturero se mantuvo en 49.7 puntos en agosto, el mismo nivel registrado en julio. Aunque la estabilidad evita una nueva caída mensual, el resultado permaneció por debajo del umbral de 50 puntos, que separa la expansión de la contracción, y prolongó a 29 meses consecutivos su permanencia en zona contractiva.

La lectura del organismo es matizada. La manufactura ya no se encuentra en la fase de debilitamiento más pronunciado observada anteriormente, pero tampoco ha conseguido colocarse de manera consistente por encima del nivel que señalaría crecimiento. La proximidad a 50 puntos sugiere una actividad contenida: cualquier mejora adicional podría representar una recuperación gradual, mientras que un retroceso volvería a confirmar la fragilidad de la demanda y de la producción industrial.

El comportamiento manufacturero resulta relevante porque este sector está estrechamente vinculado con la inversión, las exportaciones y las cadenas de suministro. Una permanencia prolongada por debajo del umbral puede reflejar cautela empresarial, menor dinamismo de los pedidos o dificultades para convertir la actividad exportadora en un impulso más amplio para la economía interna. El dato de agosto, por sí solo, no permite establecer un cambio de tendencia, pero sí confirma que la industria continúa sin una recuperación firme.

Servicios retroceden y amplían la señal de debilidad

La mayor alerta del reporte provino del indicador IMEF no manufacturero, asociado principalmente con los servicios. Este índice bajó de 49.6 puntos en julio a 48.7 en agosto, una disminución mensual de 0.9 unidades. Con ello se alejó nuevamente del umbral de neutralidad y profundizó su permanencia en terreno de contracción.

El retroceso adquiere importancia porque los servicios tienen un peso considerable en la actividad económica mexicana y concentran buena parte del empleo y del consumo interno. Una reducción en su indicador puede apuntar a una moderación en la demanda de los hogares, a un menor ritmo de contratación o a una actitud más prudente de las empresas frente a sus perspectivas de ventas. No obstante, el IMEF no presenta este resultado como una señal de caída abrupta, sino como una confirmación de que el crecimiento reciente carece todavía de suficiente tracción.

La diferencia entre ambos componentes también muestra que la debilidad no se distribuye de manera uniforme. Mientras la manufactura logró estabilizarse, los servicios retrocedieron, lo que limita la posibilidad de que un sector compense rápidamente al otro. Para que la economía consolide una expansión, sería necesario observar una mejora simultánea y sostenida en ambas áreas, especialmente por el vínculo entre el consumo, los servicios y la actividad industrial.

Un crecimiento del PIB que aún no modifica el panorama

Los datos del IMEF se conocen después de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportara que el Producto Interno Bruto aumentó 1.4% entre abril y junio frente al primer trimestre del año. Ese avance fue el mayor desde los primeros meses de 2022 y mostró una aceleración importante respecto de la debilidad previa.

Sin embargo, la lectura conjunta de ambos indicadores aconseja cautela. El crecimiento trimestral del PIB describe lo ocurrido durante un periodo ya concluido, mientras que el IMEF intenta captar la dirección de la actividad en el corto plazo. Por ello, un buen resultado del PIB puede coexistir con encuestas que anticipan una desaceleración posterior. En este caso, los ejecutivos de finanzas identifican una recuperación que perdió impulso antes de transformarse en una fase de expansión estable.

La señal no equivale necesariamente a una recesión inminente. El indicador manufacturero permanece cerca de la neutralidad y el organismo no reporta un deterioro profundo. Pero la combinación de servicios por debajo de 50 puntos, manufactura contractiva por casi dos años y medio y ausencia de una tendencia ascendente clara apunta a un entorno en el que la economía puede continuar avanzando a un ritmo reducido, con mayor vulnerabilidad ante choques externos o una menor demanda interna.

La inflación subyacente mantiene una incógnita

El análisis que acompaña al informe también llama la atención sobre la persistencia de la inflación subyacente, que se mantiene cerca de 4% y constituye una referencia importante para evaluar la trayectoria de los precios en el corto plazo. Esta medida excluye los componentes más volátiles y, por ello, suele utilizarse para identificar presiones inflacionarias más duraderas.

De acuerdo con el IMEF, los determinantes tradicionales de la inflación parecen alineados con una convergencia hacia la meta, pero la persistencia observada genera dudas sobre los factores que la explican. La resistencia de los precios subyacentes puede complicar el margen de las autoridades monetarias para apoyar la actividad mediante una reducción más rápida de las tasas de interés, especialmente si el crecimiento permanece débil pero las presiones de precios no ceden al ritmo esperado.

El escenario descrito por el instituto combina, así, dos retos: reactivar una economía que aún opera cerca del estancamiento y lograr que la inflación subyacente retome una trayectoria descendente. La evolución de los servicios, la capacidad de la manufactura para superar el umbral de 50 puntos y la respuesta de los precios serán elementos decisivos para determinar si la mejora del segundo trimestre puede prolongarse o si quedará como un repunte temporal.

Artículos relacionados

Últimos artículos