La empresa taiwanesa Hon Hai Precision Industry, conocida como Foxconn, registró en el primer semestre de 2026 unos ingresos de 4,64 billones de dólares taiwaneses, un 34,9 % más que en el mismo período del año anterior. Este resultado, el mejor de su historia para un semestre inicial, se explica principalmente por la demanda de servidores y componentes vinculados a la inteligencia artificial. Detrás de estas cifras se encuentra un proceso de transformación que comenzó hace más de una década y que ahora se acelera por la necesidad global de infraestructura de IA.
De la fabricación de iPhone al ensamblaje de servidores de IA
Foxconn nació en 1974 como un pequeño taller de componentes plásticos en Taiwán. Durante los años ochenta y noventa se convirtió en el principal socio de ensamblaje de las grandes marcas estadounidenses de computadoras personales. Su modelo, basado en costos laborales bajos y capacidad de escalar rápidamente la producción, le permitió captar contratos masivos de Apple a partir de 2001. Sin embargo, a partir de 2015 la compañía empezó a percibir que el crecimiento del smartphone se estabilizaba y que los márgenes en ese segmento se reducían. Fue entonces cuando inició una estrategia de diversificación hacia la nube y las redes, invirtiendo en centros de datos y en la producción de racks para servidores.
La asociación con Nvidia resultó determinante. Foxconn no solo fabrica los servidores que utilizan las GPU de esta empresa, sino que también desarrolla sistemas completos de refrigeración y alimentación eléctrica optimizados para cargas de entrenamiento de modelos de lenguaje. En 2024, la división de nube y redes ya representaba más del 40 % de los ingresos de la compañía; en 2026 esa proporción supera el 55 %. Este cambio de cartera explica por qué el crecimiento de Foxconn supera con creces el promedio de la industria electrónica de consumo.

La diversificación geográfica como respuesta a la tensión geopolítica
La concentración de fábricas en China continental, que en su momento fue ventaja competitiva, se convirtió en riesgo estratégico tras las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores avanzados y las tensiones en el estrecho de Taiwán. Foxconn respondió acelerando la apertura de plantas en India, Vietnam y México. En el estado indio de Tamil Nadu, por ejemplo, la compañía ha invertido más de 1.500 millones de dólares en una nueva línea de ensamblaje de servidores que ya opera a plena capacidad desde principios de 2026. Esta planta no solo reduce la dependencia de China, sino que también permite a Foxconn beneficiarse de los incentivos fiscales del programa indio de fabricación de productos electrónicos.
El caso de Vietnam resulta igualmente ilustrativo. En 2023 Foxconn inauguró en Bac Giang una instalación dedicada exclusivamente a componentes para racks de IA. La cercanía con el puerto de Haiphong y los acuerdos comerciales con la Unión Europea han permitido acortar tiempos de entrega a clientes europeos en casi tres semanas respecto a las rutas que partían de Shenzhen. Estos movimientos no responden únicamente a consideraciones de costo, sino a una estrategia deliberada de fragmentación de la cadena de suministro que otras empresas del sector, como Pegatron y Wistron, han empezado a replicar.
Impacto en el empleo y en la estructura industrial de Taiwán
El auge de la IA ha modificado el perfil de la mano de obra que Foxconn demanda en Taiwán. Mientras que las líneas de ensamblaje tradicionales requerían operarios con formación técnica media, los nuevos centros de validación de servidores exigen ingenieros especializados en térmica, energía y software de gestión de clústeres. La compañía ha establecido alianzas con la Universidad Nacional de Taiwán y con el Instituto de Investigación Industrial para formar a 3.000 técnicos al año. Este cambio reduce la dependencia de mano de obra migrante y eleva el valor agregado de las operaciones que permanecen en la isla.
Sin embargo, la misma transición genera tensiones en las regiones del sur de Taiwán donde históricamente se concentraba la fabricación de productos de consumo. Las plantas dedicadas a smartphones y computadoras portátiles han reducido turnos y, en algunos casos, han trasladado producción a India. Los sindicatos locales reportan que más de 8.000 trabajadores han debido reconvertirse o aceptar traslados en los últimos dieciocho meses. El gobierno de Taiwán ha respondido con subsidios a la capacitación, pero el ritmo de la transición supera la capacidad de absorción del mercado laboral interno.
Repercusiones a largo plazo para la industria tecnológica global
El crecimiento sostenido de Foxconn en el segmento de IA refuerza la posición de Taiwán como nodo indispensable en la cadena de valor de la inteligencia artificial, incluso cuando otros países intentan reducir esa dependencia. Al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la concentración de capacidad de ensamblaje en pocas manos. Si Foxconn mantiene su ritmo actual, podría controlar más del 35 % de la producción mundial de racks para centros de datos hacia 2028. Esta cuota otorga a la empresa un poder de negociación considerable frente a los grandes proveedores de chips y a los hiperescaladores.
En el plano medioambiental, el aumento de la producción de servidores plantea desafíos de consumo energético y gestión de residuos. Cada rack de IA requiere sistemas de refrigeración líquida que consumen hasta un 30 % más electricidad que los sistemas tradicionales. Foxconn ha anunciado que sus nuevas instalaciones en India y Vietnam incorporarán paneles solares y sistemas de recuperación de calor, pero los analistas estiman que la huella de carbono de la compañía crecerá al menos un 18 % entre 2026 y 2029 si no se adoptan medidas adicionales de eficiencia.
La trayectoria de Foxconn ilustra cómo una empresa que nació fabricando componentes plásticos ha logrado repositionarse como actor clave en la infraestructura que sostiene el desarrollo de la inteligencia artificial. Su capacidad para combinar escala de producción con adaptación geográfica y tecnológica determina, en buena medida, la velocidad a la que las grandes tecnológicas pueden desplegar nuevos modelos. Los próximos trimestres revelarán si esta ventaja competitiva se mantiene o si la volatilidad geopolítica y las exigencias de sostenibilidad imponen límites al crecimiento.
