Duernas: modelo de gestión para salinas romanas

Las Salinas de Duernas, situadas en el término municipal de Córdoba junto a la carretera N-432, representan uno de los últimos vestigios activos de una tradición productiva que se remonta a la época romana. En la provincia cordobesa se han inventariado 74 salinas de interior, pero solo nueve mantienen algún tipo de actividad. Esta cifra ilustra el progresivo abandono que ha sufrido un patrimonio industrial y ecológico de primer orden en el sur de España. El investigador Rafael Vega Pozuelo, del grupo GEOEST de la Universidad de Córdoba, ha analizado el caso en la revista Wetlands Ecology and Management y propone un marco de gobernanza inspirado en el Valle de Añana, en Álava, donde una entidad especializada ha logrado compatibilizar producción, conservación y turismo sin sacrificar la identidad del lugar.

El sistema de salinas interiores mediterráneas surgió como respuesta a la necesidad de abastecer de sal a poblaciones alejadas del mar. En el caso de Duernas, la explotación se mantiene en manos privadas y genera sal artesanal y ecológica para uso alimentario, con picos de producción que han alcanzado las 3.000 toneladas anuales en campañas favorables. Sin embargo, la falta de un modelo de gestión coordinado ha favorecido la degradación de terraplenes, la pérdida de biodiversidad en los estanques y el aislamiento territorial respecto a los municipios cercanos de Santa Cruz y Espejo.

Contexto histórico y productivo

Durante siglos, las salinas de interior formaron parte de un socioecosistema en el que la extracción de sal convivía con el pastoreo, la agricultura de secano y la regulación hídrica de los manantiales salinos. Esta interacción generó paisajes singulares que hoy se consideran refugios de biodiversidad halófila. El declive comenzó con la industrialización de la extracción salina en el siglo XX y se aceleró por el éxodo rural. En la actualidad, la mayoría de las 74 salinas cordobesas permanecen abandonadas o convertidas en vertederos informales, perdiéndose tanto el conocimiento técnico como los hábitats asociados.

El ejemplo del Valle de Añana resulta especialmente relevante. Allí, una fundación pública-privada ha restaurado más de 5.000 metros cuadrados de eras de evaporación, ha recuperado técnicas tradicionales y ha articulado una oferta turística que atrae más de 100.000 visitantes anuales. Los ingresos derivados del turismo y de la venta de sal de alta gama financian la conservación continua. Vega Pozuelo considera que este esquema puede adaptarse a Duernas, aunque con las necesarias adaptaciones al contexto mediterráneo y a la propiedad privada mayoritaria.

Propuesta de zonificación y gobernanza

El estudio plantea tres zonas funcionales claramente diferenciadas. La zona de conservación principal abarcaría los estanques y manantiales mejor conservados, con acceso restringido y visitas guiadas. La zona de restauración ecológica se centraría en la rehabilitación de estructuras degradadas para mejorar la conectividad de hábitats. Finalmente, la zona de recepción e interpretación conectaría las salinas con el paisaje del río Guadajoz mediante senderos interpretativos. Esta división espacial busca evitar el conflicto entre usos productivos, turísticos y de protección.

La pieza clave, sin embargo, es la creación de una entidad de gobernanza especializada que integre a propietarios, ayuntamientos de Santa Cruz y Espejo, Diputación Provincial, consejerías de Medio Ambiente y Cultura, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Sin esta coordinación, cualquier intervención corre el riesgo de fragmentarse o de generar conflictos de uso. La experiencia de Añana demuestra que una estructura estable permite captar fondos europeos, diseñar planes plurianuales y mantener el conocimiento técnico que de otro modo se perdería con el relevo generacional.

Impactos potenciales en el territorio rural

La aplicación de un modelo similar en Duernas podría tener efectos multiplicadores más allá de la propia explotación. En primer lugar, contribuiría a fijar población en un área periférica de Córdoba donde el despoblamiento es intenso. La creación de empleos vinculados a la restauración, la producción de sal de calidad y el turismo cultural ofrecería alternativas al monocultivo olivarero dominante. Estudios realizados en Añana muestran que cada puesto de trabajo directo en las salinas genera entre 1,8 y 2,3 empleos indirectos en hostelería y servicios.

Desde el punto de vista ecológico, la recuperación de los estanques salinos incrementaría la diversidad de especies halófilas y aves migratorias que utilizan estos humedales artificiales como puntos de parada. La conectividad ecológica con el corredor del Guadajoz mejoraría la resiliencia del territorio frente a episodios de sequía cada vez más frecuentes. En términos patrimoniales, la puesta en valor de Duernas contribuiría a completar el relato histórico de la Córdoba romana más allá de los grandes monumentos urbanos.

Relevancia internacional y replicabilidad

Las salinas interiores mediterráneas y de zonas áridas enfrentan desafíos similares en Portugal, Italia, el norte de África y Oriente Próximo. El marco propuesto por Vega Pozuelo resulta transferible porque combina protección estricta de los núcleos productivos, restauración ecológica y desarrollo comunitario. Países con escasa tradición de gestión integrada podrían encontrar en el caso de Duernas un laboratorio de bajo coste para experimentar políticas que eviten tanto el abandono total como la sobreexplotación turística.

El éxito dependerá, no obstante, de la capacidad de las administraciones regionales para ceder parte de su competencia a una entidad mixta y de la voluntad de los propietarios privados de aceptar limitaciones de uso a cambio de apoyo técnico y económico. Si se logra esa convergencia, Duernas podría convertirse en un referente de cómo un patrimonio industrial milenario se transforma en motor de desarrollo sostenible sin perder su esencia productiva.

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