Exportaciones por estado muestran brechas regionales profundas

Los datos del Inegi correspondientes al primer trimestre de 2026 revelan un crecimiento anual de 17.9% en las exportaciones totales de México, frente al 3.6% registrado en el mismo periodo de 2025. Este salto de 14.3 puntos porcentuales equivale a un incremento relativo del 397%. El valor acumulado entre enero y marzo alcanzó 158 mil 117.5 millones de dólares. Las exportaciones manufactureras impulsaron el resultado con un avance de 19.9%, mientras que las agropecuarias retrocedieron 13.1% y las mineras lograron una recuperación de 6.8% tras la contracción del año anterior.

Desempeño sectorial y su traducción territorial

El contraste entre sectores se amplifica al desglosar por entidad. Quintana Roo registró un crecimiento de 764.7%, Guerrero de 106.8% y Jalisco de 106.6%. En el extremo opuesto, Morelos cayó 37%, Campeche 35.1% y Tabasco 28.7%. Chihuahua aportó 22.8% del total nacional, seguido por Jalisco con 11% y Coahuila con 9.4%. Estas cifras confirman que la expansión exportadora no se distribuye de manera uniforme y depende de la especialización productiva de cada región.

La recuperación de las exportaciones mineras, que pasaron de una caída de 11.1% a un crecimiento de 6.8%, se concentra principalmente en estados con actividad extractiva establecida. Sin embargo, el retroceso agropecuario de 13.1% afecta de manera directa a entidades con menor diversificación industrial, donde el empleo rural sigue dependiendo de cultivos de exportación sensibles a condiciones climáticas y precios internacionales.

Tres lecturas estructurales del dato

La primera lectura apunta a la consolidación del nearshoring en el norte y occidente del país. Chihuahua y Jalisco concentran plataformas manufactureras ya integradas a cadenas de suministro estadounidenses; su capacidad de respuesta explica más de la mitad del crecimiento nacional. Esta ventaja, sin embargo, genera un efecto de acumulación: las entidades que ya poseen infraestructura logística y mano de obra calificada atraen nuevas inversiones, mientras que las regiones sin esos activos quedan rezagadas.

Una segunda observación se refiere a la vulnerabilidad de las economías estatales especializadas en un solo sector. Quintana Roo multiplicó sus exportaciones por un factor superior a ocho, pero partía de una base muy reducida; cualquier reversión en el turismo o en la demanda de servicios asociados podría revertir esa cifra con igual rapidez. Morelos y el Estado de México, por su parte, sufrieron caídas superiores al 18% y dependen en mayor medida de sectores manufactureros expuestos a competencia asiática y a fluctuaciones del tipo de cambio.

La tercera lectura concierne a la ausencia de información sobre importaciones por entidad. Sin datos equivalentes de compras externas, resulta imposible calcular la balanza comercial estatal y determinar si el dinamismo exportador se traduce en superávit o simplemente refleja ensamblaje de insumos importados. Esta laguna limita la capacidad de los gobiernos estatales para diseñar políticas de contenido regional y deja sin respuesta preguntas sobre el verdadero valor agregado que permanece en cada territorio.

Perspectivas de actores involucrados

Los gobiernos estatales del norte, como Chihuahua y Coahuila, ven en estos resultados la confirmación de una estrategia de atracción de inversión extranjera directa que ha funcionado durante dos décadas. Sus secretarías de economía destacan la creación de empleos formales y la ampliación de parques industriales. En contraste, las administraciones de estados del sureste, como Tabasco y Campeche, enfrentan presiones para diversificar más allá del petróleo y la pesca, sectores que registran declives estructurales.

Los empresarios manufactureros con operaciones en múltiples entidades señalan que la diferencia de desempeño entre estados responde menos a políticas locales que a la disponibilidad de energía eléctrica confiable y de personal técnico. Las cámaras empresariales del centro del país advierten que la pérdida de competitividad en Morelos y el Estado de México podría acelerar la relocalización de plantas hacia el norte, con el consiguiente impacto en cadenas de proveeduría locales.

Tendencias y riesgos hacia adelante

Si se mantiene el ritmo de relocalización de cadenas de suministro, los estados del norte y occidente podrían sostener tasas de crecimiento superiores al 15% anual durante los próximos dos años. No obstante, tres riesgos merecen atención. Primero, una posible revisión del T-MEC que eleve requisitos de contenido regional podría encarecer los procesos de ensamblaje en entidades con menor integración de proveedores nacionales. Segundo, la dependencia de un número reducido de empresas exportadoras grandes aumenta la exposición a decisiones corporativas de desinversión. Tercero, el deterioro de la infraestructura de transporte en estados medianos podría limitar su capacidad de captar nuevos proyectos aunque ofrezcan costos laborales competitivos.

La publicación de importaciones por entidad, tal como sugiere el propio análisis de los datos, permitiría identificar qué estados generan superávit genuino y cuáles registran déficits estructurales que requieren atención fiscal o de inversión. Sin esa información, las políticas públicas seguirán operando con una imagen incompleta de la integración de México en el comercio global.

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