Expertos piden proteger el suelo como ente vivo

Madrid, 7 jul (EFE).- La impermeabilización y la pérdida de materia orgánica figuran entre los principales problemas que afectan al suelo, un recurso vivo que sostiene la producción de alimentos y regula los ciclos geoquímicos del planeta. En el marco del Día Internacional de la Conservación del Suelo, varios especialistas han advertido sobre la necesidad de adoptar medidas urgentes para frenar su deterioro acelerado tanto en España como en el resto del mundo.

El avance imparable de la impermeabilización

Arturo Cerdà, catedrático de Física en la Universidad de Valencia, ha señalado que la expansión de infraestructuras está destruyendo suelos fértiles sin que exista una planificación que priorice la protección de aquellos con mayor valor agrícola. El asfalto y el hormigón impiden la infiltración del agua y eliminan la actividad biológica que mantiene vivo el suelo. Según el investigador, detener la expansión urbana indiscriminada y dirigir las nuevas construcciones hacia terrenos de menor calidad constituyen pasos indispensables para evitar la pérdida irreversible de este recurso.

La investigadora Engracia Madejón Rodríguez, del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla del CSIC, coincide en que la urbanización descontrolada reduce la capacidad del suelo para cumplir funciones esenciales. Cuando se sella la superficie, desaparecen los procesos de retención de agua y de intercambio de nutrientes que permiten la vida vegetal y animal.

La pérdida de materia orgánica como problema global

Madejón Rodríguez ha identificado la disminución de materia orgánica como el desafío más grave que enfrentan los suelos a escala mundial. Las altas temperaturas, la erosión y los efectos del cambio climático aceleran este proceso. Un suelo rico en materia orgánica resiste mejor la erosión, la desertificación y la contaminación, además de conservar el agua de forma más eficiente. En cambio, un suelo degradado pierde rápidamente el líquido o lo filtra sin retenerlo para las plantas y los organismos.

Cerdà ha recordado que aproximadamente la mitad de la biodiversidad del planeta se concentra en los suelos. Estos ecosistemas descomponen residuos orgánicos y los transforman en nutrientes básicos para las plantas. La continuidad de los procesos que sostienen el funcionamiento del planeta depende directamente de que se mantengan suelos vivos, ricos y diversos.

Medidas concretas para conservar la biodiversidad

La investigadora del IRNAS-CSIC ha propuesto tres líneas de actuación. En primer lugar, un manejo adecuado de las cubiertas vegetales reduce la erosión y aporta materia orgánica al descomponerse. En segundo lugar, la incorporación de materia orgánica exógena en forma de abono mejora la estructura y la fertilidad. Finalmente, los laboreos de conservación evitan remover excesivamente la tierra y limitan la pérdida de materia orgánica.

Estas prácticas, aplicadas de manera combinada, permiten mantener la actividad biológica en los primeros 10-15 centímetros del suelo, donde se concentra la mayor parte de los procesos vitales. La protección de esta capa superficial resulta especialmente relevante porque coincide con las zonas de mayor fertilidad.

Diferencias entre desertificación y desertización

Cerdà ha aclarado que el proceso de desertificación, provocado por la pérdida de cubierta vegetal y la erosión, no debe confundirse con la desertización natural asociada a cambios climáticos a largo plazo. Cuando un territorio pierde su bosque, el suelo deja de absorber la lluvia y el agua superficial arrastra las partículas fértiles, impidiendo el establecimiento de nueva vegetación.

El Mediterráneo arrastra una degradación que se remonta al inicio de la agricultura hace unos 10.000 años. La introducción masiva de fertilizantes químicos ha añadido contaminación por metales pesados como cadmio, plomo, cobre y zinc, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Estos elementos pueden afectar la salud de los ecosistemas y la calidad del agua.

Contaminantes emergentes y riesgos para la cadena trófica

Madejón Rodríguez ha advertido sobre la presencia de contaminantes orgánicos como plaguicidas y de contaminantes emergentes como fármacos y plásticos. Los medicamentos llegan al suelo a través de los residuos humanos y animales, mientras que los plásticos generan preocupación por su posible transferencia a la cadena trófica mediante plantas y animales. El suelo actúa como base de la nutrición y como filtro de las aguas del planeta, por lo que su protección constituye una necesidad directa para la supervivencia humana.

Los especialistas coinciden en que la conservación del suelo exige decisiones que combinen criterios ambientales con consideraciones prácticas de ordenación territorial. La alternativa es continuar perdiendo un recurso cuya recuperación, una vez degradado, resulta extremadamente lenta o imposible en escalas de tiempo humanas.

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