México llega al 50 aniversario del abandono de la paridad fija de 12,5 pesos por dólar con un régimen cambiario flexible, más de 258.000 millones de dólares en reservas internacionales y un comercio exterior sin el desequilibrio que precipitó la devaluación de 1976. El tipo de cambio se determina libremente en el mercado, por lo que el Banco de México no necesita intervenir para defender una cotización específica.
El 31 de agosto de 1976, el entonces secretario de Hacienda, Mario Ramón Beteta, anunció el fin de la paridad que había permanecido vigente desde 1954. El funcionario sostuvo que el tipo de cambio fijo era una “camisa de fuerza” para la economía y que el Gobierno mexicano había decidido dejar flotar el peso. Al cierre de ese año, la cotización se ubicaba cerca de 20 pesos por dólar.

La devaluación marcó el inicio de varios años de inestabilidad macroeconómica, aunque la ruptura cambiaria fue resultado de problemas que se habían acentuado al final de la administración de Luis Echeverría. El aumento del déficit público, las presiones inflacionarias, el crecimiento del déficit comercial y la pérdida de reservas internacionales habían vuelto insostenible la paridad fija.
En 1976, el déficit comercial alcanzó 3.000 millones de dólares, una cifra equivalente a cerca del 5% del producto interno bruto. El país cerró ese año con 1.412 millones de dólares en activos internacionales, según el Informe Anual del Banco de México, un monto que no cubría seis meses de ese déficit comercial.
El escenario actual difiere en ambos indicadores. México registra un ligero superávit comercial en lo que va del año y, de presentarse un déficit al cierre, sería inferior al 1% del PIB, de acuerdo con las previsiones citadas. Analistas del sector privado estiman un déficit de 10.000 millones de dólares para este año; frente a esa cifra, las reservas actuales equivaldrían a 25 años de déficit comercial.
La preocupación cambiaria también se ha desplazado. Exportadores, receptores de remesas y el sector turístico han expresado inquietud por la apreciación del peso registrada en los últimos meses. El tipo de cambio nominal se sitúa en 17 pesos por dólar, 10% por debajo de los 18,9 pesos por dólar observados en la misma fecha de 2016.
Al incorporar el diferencial de inflación entre México y otros países, la apreciación real del peso es mayor. Sin embargo, la paridad no parece estar bajo la presión que en otros episodios habría anticipado un ajuste abrupto, debido a un balance comercial más equilibrado, la apertura comercial y la competitividad de los productos mexicanos. Un déficit comercial de tamaño moderado podría financiarse mediante inversión extranjera directa.
Los desafíos señalados para la economía mexicana se concentran ahora en la falta de inversión, el bajo crecimiento y la capacidad de generar empleos formales.
