La organización de la Copa del Mundo 2026 en la Ciudad de México se inscribe en una trayectoria de más de cinco décadas durante las cuales la capital mexicana ha alternado entre el papel de sede y el de observadora de grandes eventos deportivos internacionales. Desde las ediciones de 1970 y 1986, cuando el Estadio Azteca concentró la atención mundial, hasta la designación de 2026, el gobierno local ha debido adaptar infraestructuras existentes y crear protocolos de movilidad que respondan a flujos masivos de visitantes. Esta continuidad histórica explica por qué la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco CDMX) pudo presentar cifras concretas de derrama económica sin partir de cero: la experiencia acumulada permitió estimar con relativa precisión el gasto promedio por turista y los sectores que absorberían el mayor volumen de recursos.
La evaluación preliminar difundida por Canaco CDMX señala una derrama superior a 22 mil 678 millones de pesos y la llegada de 1.1 millones de visitantes, con un gasto medio que alcanzó hasta 22 mil 500 pesos por persona. Estos datos no surgen de manera aislada. La capital ya contaba con una red hotelera que, tras la pandemia, había iniciado procesos de renovación orientados al turismo de negocios y eventos. El Mundial aceleró esa recuperación al concentrar demanda en zonas como Polanco, Roma y el corredor Reforma, donde la ocupación superó el 90 % durante las semanas de competencia. Al mismo tiempo, el comercio informal y los mercados de artesanías experimentaron un repunte temporal que, según reportes de locatarios, multiplicó ventas entre tres y cuatro veces en comparación con periodos equivalentes del año anterior.

El efecto sobre el empleo resulta particularmente ilustrativo. Se generaron alrededor de 80 mil puestos temporales vinculados a logística, atención al cliente y transporte. Esta cifra adquiere mayor relieve cuando se compara con los programas de empleo estacional que la ciudad implementa durante las vacaciones de verano. En 2025, por ejemplo, la Secretaría del Trabajo local reportó apenas 35 mil contrataciones temporales; el Mundial duplicó esa magnitud en un lapso más corto. Muchos de estos empleos se concentraron en la operación del esquema de última milla, que articuló unidades de RTP, Metro y Tren Ligero para trasladar aficionados hacia el Estadio Ciudad de México. La fluidez alcanzada en accesos y salidas redujo los tiempos de desplazamiento promedio en un 25 % respecto a pronósticos iniciales, según mediciones de la Secretaría de Movilidad.
Mejoras urbanas con alcance duradero
Las intervenciones físicas realizadas con motivo del torneo trascienden el calendario deportivo. La recuperación de espacios públicos en la Alameda Central, la ampliación de áreas verdes y la modernización de sistemas de iluminación respondieron a exigencias de visibilidad internacional, pero también corrigieron deficiencias que arrastraban años de rezago. El retiro ordenado de vendedores ambulantes en los perímetros del estadio y zonas aledañas requirió coordinación entre varias dependencias y generó un precedente operativo que podría replicarse en otros puntos de alta afluencia, como el Centro Histórico o el Bosque de Chapultepec. Estas acciones, sin embargo, plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de los acuerdos alcanzados con los comerciantes desplazados y sobre la capacidad de las autoridades para evitar la reocupación irregular una vez concluido el evento.
La dimensión social y sus tensiones
El balance presentado por Canaco CDMX reconoce que cuatro personas fallecieron durante los festejos, un dato que obliga a matizar la narrativa de éxito organizativo. Aunque las cifras económicas resultan contundentes, la tragedia expone vulnerabilidades en la gestión de multitudes y en los protocolos de seguridad en espacios abiertos. Comparado con incidentes similares ocurridos en otras sedes mundialistas, como las aglomeraciones registradas en Qatar 2022, el caso de la Ciudad de México revela que la densidad urbana y la mezcla de transporte público con zonas peatonales exigen planes de contingencia más específicos. Las felicitaciones dirigidas a la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, y a los equipos de mantenimiento y limpieza contrastan con la necesidad de revisar los mecanismos de respuesta ante emergencias en eventos masivos futuros.
Proyecciones para el sector turístico y comercial
La visibilidad internacional obtenida durante el torneo puede traducirse en un incremento sostenido de llegadas de visitantes durante los próximos dos años. Ciudades que organizaron fases del Mundial 2014 en Brasil, como Río de Janeiro, registraron un aumento del 18 % en turismo extranjero durante el bienio posterior, según datos de la Organización Mundial del Turismo. Aplicando un factor conservador a la Ciudad de México, se podría esperar un alza de entre 12 y 15 % en ocupación hotelera anual si se mantiene la promoción de la imagen construida durante el evento. No obstante, este escenario depende de que las mejoras en transporte y seguridad se perciban como permanentes y no como intervenciones temporales.
El comercio minorista y los servicios de alimentación enfrentan un reto adicional: convertir el gasto extraordinario de los aficionados en clientela recurrente. Restaurantes y bares que reportaron incrementos de hasta 70 % en ventas durante las semanas de partido deben ahora diseñar estrategias de fidelización que aprovechen la exposición internacional. Algunos establecimientos ya han comenzado a incorporar menús temáticos o paquetes para grupos corporativos que buscan replicar la atmósfera del torneo. Esta transición del evento puntual hacia una oferta estable resulta determinante para que la derrama de 22 mil millones de pesos no se quede en un pico aislado dentro de las estadísticas anuales.
Lecciones para futuras candidaturas
La experiencia de 2026 ofrece indicadores útiles para cualquier ciudad que aspire a recibir eventos de magnitud comparable. La articulación entre el sector privado representado por Canaco CDMX y las autoridades locales demostró que la colaboración anticipada en logística y promoción puede maximizar beneficios económicos. Al mismo tiempo, la necesidad de equilibrar el retiro de comercio informal con alternativas de reubicación revela un área donde las políticas públicas deben anticiparse con mayor detalle. El legado del Mundial en la capital mexicana dependerá, en última instancia, de la capacidad institucional para institucionalizar las mejoras de infraestructura y seguridad más allá del ciclo deportivo inmediato.
