La eliminación de México ante Inglaterra en la Copa del Mundo expuso una brecha estructural imposible de cerrar con solo entusiasmo. El texto compara esta derrota con la Segunda Guerra Mundial: mientras Japón producía mil aviones, Estados Unidos fabricaba cincuenta mil. La misma lógica se aplicó aquí, donde 200 millones de dólares enfrentaron mil quinientos.

Lo que queda
El balance deja tres marcas claras: el talento precoz de Gilberto Mora, el episodio de los relojes regalados por un extraño y las muertes durante las celebraciones. Tras el torneo, el país regresa a una realidad nacional más dura, donde las desigualdades que determinaron el resultado en el campo persisten intactas en la vida cotidiana.
La columna concluye con breves viñetas humorísticas que subrayan la distancia entre el espectáculo deportivo y los problemas estructurales que México enfrenta al cerrar el ciclo mundialista.
