El consumo privado en México consiguió en mayo un crecimiento mensual de apenas 0.1 por ciento, suficiente para acumular tres meses consecutivos de avances, aunque también para confirmar una trayectoria de desaceleración. El dato publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) describe una economía que todavía conserva capacidad de compra, pero cuyo dinamismo depende cada vez más de segmentos específicos y enfrenta obstáculos que podrían hacerse visibles con mayor intensidad durante los próximos meses.
En términos anuales, el indicador aumentó 2.6 por ciento. La diferencia entre ese resultado y el avance mensual revela que la comparación con mayo del año anterior aún favorece las cifras, pero que el ritmo inmediato de la demanda es mucho más moderado. Para las empresas, esta distinción es determinante: un crecimiento anual positivo no necesariamente implica que las ventas estén acelerándose, sobre todo cuando los hogares comienzan a ajustar sus decisiones de compra ante un mercado laboral menos sólido y una menor confianza sobre sus ingresos futuros.
Una recuperación sostenida, pero cada vez más estrecha
El comportamiento de mayo estuvo apoyado principalmente por el consumo de bienes y servicios nacionales, que avanzó 0.3 por ciento mensual. Dentro de este componente, la adquisición de bienes creció 0.5 por ciento y la de servicios 0.2 por ciento. En contraste, el gasto en bienes importados cayó 1.2 por ciento, una señal que puede asociarse con una combinación de factores: ajustes en el tipo de cambio, menor disponibilidad de ingreso para productos de mayor precio o una normalización después de meses de compras elevadas.
La composición del crecimiento importa tanto como su magnitud. Cuando el consumo se concentra en bienes nacionales, puede favorecer a fabricantes, distribuidores y comercios establecidos en el país. Sin embargo, el aumento de 0.3 por ciento no basta para hablar de una expansión robusta. Los servicios, que representan una parte considerable del gasto de los hogares, sólo avanzaron 0.2 por ciento en el mes. Esto sugiere que el consumidor está manteniendo actividades esenciales, pero actúa con mayor cautela en rubros como entretenimiento, restaurantes, transporte, educación privada o servicios personales.
El dato anual presenta una imagen distinta. El consumo de bienes y servicios nacionales aumentó 1.2 por ciento, impulsado por un crecimiento de 2.6 por ciento en la compra de bienes, mientras que el gasto en servicios disminuyó 0.1 por ciento. La reducción anual en servicios es especialmente relevante porque suele reflejar decisiones más sensibles a la percepción de estabilidad económica. Una familia puede posponer una comida fuera de casa, una reparación, un viaje corto o ciertos servicios no indispensables con mayor facilidad que la compra de alimentos o productos básicos.

El impulso importado y la paradoja del consumo
Uno de los elementos más llamativos aparece en el acumulado de enero a mayo. Con cifras originales, el consumo privado creció 2.0 por ciento anual, pero las compras de bienes importados aumentaron 10.4 por ciento. Dentro de ese grupo, los bienes duraderos avanzaron 10.8 por ciento y los no duraderos 16 por ciento, mientras que los semiduraderos disminuyeron 1.4 por ciento.
Esta combinación puede tener varias lecturas. El crecimiento de los bienes duraderos suele estar relacionado con la reposición de vehículos, electrodomésticos, equipos electrónicos o artículos para el hogar. El aumento de los no duraderos, por su parte, puede incluir productos de consumo frecuente que los hogares adquieren incluso cuando restringen otros gastos. Pero el desempeño no uniforme de los bienes semiduraderos muestra que no todos los segmentos de la demanda se comportan igual: la expansión se concentra en categorías concretas y no necesariamente representa una mejora generalizada del bienestar familiar.
También existe una paradoja macroeconómica. Un mayor consumo de importaciones puede sostener temporalmente la demanda interna, pero una proporción elevada reduce el impacto directo sobre la producción nacional. Si los hogares compran más bienes fabricados en el exterior, el comercio minorista puede beneficiarse, aunque el efecto sobre proveedores mexicanos, empleo industrial y recaudación vinculada a la actividad local puede ser menor. La respuesta dependerá de cuánto contenido nacional incorporen esas mercancías y de si la demanda importada complementa o desplaza a la oferta interna.
El avance de 8.5 por ciento anual en bienes importados confirma que todavía existen nichos de consumo con capacidad de expansión. No obstante, la caída mensual de 1.2 por ciento advierte que ese impulso podría estar perdiendo fuerza. Las empresas que dependen de mercancías extranjeras tendrán que vigilar inventarios, costos logísticos y sensibilidad del consumidor al precio. Una depreciación cambiaria o un encarecimiento del crédito podría trasladarse rápidamente a las etiquetas y frenar las compras que hasta ahora sostienen el crecimiento.
El mercado laboral pone un límite visible
La principal amenaza para la demanda no se encuentra sólo en los precios o en las tasas de interés, sino en la seguridad del ingreso. Gabriela Siller Pagaza, directora de Análisis Económico-Financiero de Banco Base, señaló que el mercado laboral muestra señales de debilidad, una circunstancia que puede afectar el consumo con cierto rezago. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en junio se perdieron 320 mil empleos y la población desocupada aumentó en 78 mil personas. La tasa de desocupación pasó de 2.76 a 2.90 por ciento.
Aunque una tasa de desempleo cercana a 3 por ciento sigue siendo baja en términos históricos, el cambio en la dirección es importante. Las familias no reaccionan únicamente cuando pierden su empleo; también ajustan sus gastos cuando perciben menos oportunidades, reducción de horas trabajadas, contratación temporal o menor crecimiento salarial. En ese escenario, el consumidor puede mantener el gasto corriente durante algunas semanas utilizando ahorros o crédito, pero tiende a posponer compras grandes y servicios discrecionales.
El efecto puede ser más intenso en las regiones donde el empleo depende de sectores cíclicos, como la manufactura orientada a la exportación, la construcción o ciertas actividades comerciales. Una empresa que enfrenta menores pedidos puede reducir turnos antes de despedir trabajadores. Ese ajuste no siempre aparece de inmediato en las cifras de desempleo, pero sí afecta el ingreso disponible y las ventas locales. Por ello, el dato de consumo de mayo debe leerse junto con los indicadores laborales posteriores y no como una fotografía aislada.
Remesas, confianza y desigualdad de la capacidad de compra
Otro factor señalado por Banco Base es la pérdida de poder adquisitivo de las remesas. El monto recibido por los hogares puede mantenerse elevado en términos nominales y, aun así, comprar menos si disminuye el tipo de cambio favorable, aumentan los precios o se encarecen bienes esenciales. Para muchas familias receptoras, las remesas no funcionan como un ingreso adicional destinado exclusivamente a compras discrecionales; cubren alimentación, renta, salud, educación y mantenimiento de la vivienda. Una menor capacidad real afecta directamente el consumo local, especialmente en municipios con alta dependencia de esos recursos.
La confianza del consumidor completa el cuadro. Cuando los hogares consideran incierto el futuro económico, suelen modificar primero los gastos que pueden aplazar. Esta conducta explica por qué el consumo de servicios nacionales registra una caída anual de 0.1 por ciento, pese a que el gasto en bienes mantiene una evolución positiva. El comportamiento no es uniforme entre grupos sociales: los hogares con ingresos estables pueden continuar comprando bienes duraderos, mientras los de menores recursos destinan una proporción mayor de su ingreso a alimentos, transporte y servicios básicos, con poco margen para absorber aumentos de precios.
La consecuencia social de esta divergencia es relevante. Un crecimiento agregado de 2.6 por ciento puede coexistir con una sensación de estancamiento si sus beneficios se concentran en consumidores con mayor acceso al crédito, empleo formal o ingresos provenientes de actividades dinámicas. El promedio nacional no revela por sí mismo si las familias más vulnerables están consumiendo más, si sólo pagan precios más altos o si están sustituyendo productos por alternativas de menor costo.
Empresas y política económica ante un crecimiento frágil
Para el comercio y la industria, el escenario exige una estrategia menos basada en la expansión general del mercado y más enfocada en la segmentación. Las compañías podrían enfrentar una demanda dividida: crecimiento en bienes importados de ciertas categorías, estabilidad en productos esenciales y debilidad en servicios no prioritarios. Los negocios que ofrezcan financiamiento, presentaciones económicas o promociones dirigidas a consumidores sensibles al precio pueden sostener ventas, aunque a costa de menores márgenes.
La política económica también enfrenta un equilibrio delicado. Medidas que impulsen el ingreso disponible pueden apoyar el consumo, pero cualquier estímulo debe considerar su impacto sobre la inflación, las finanzas públicas y las importaciones. Fortalecer el empleo formal, mejorar la capacitación y facilitar la inversión productiva tendría un efecto más duradero que estimular únicamente compras de corto plazo. Si el crecimiento se apoya sobre todo en bienes importados, la demanda puede agotarse sin generar suficiente capacidad productiva interna.
Los próximos indicadores serán decisivos para determinar si mayo representa una pausa dentro de una recuperación gradual o el inicio de una etapa más débil. Será necesario observar la evolución del empleo, los salarios reales, las remesas, el crédito al consumo y las ventas de servicios. Mientras esos factores no muestren una mejora coordinada, el avance mensual de 0.1 por ciento debe interpretarse como una señal de resistencia, pero no como evidencia de una expansión consolidada de los hogares mexicanos.
