El Gobierno logró estabilizar el dólar oficial en torno de los $1.500 mediante una combinación de medidas del Tesoro y el Banco Central. La estrategia incluyó una mayor oferta de bonos ajustados por el tipo de cambio oficial (USDL), ventas de contratos de dólar futuro y un aumento de las tasas en pesos, que pasaron del 20% al 23% de tasa nominal anual efectiva para operaciones de caución.
Más oferta y cobertura en los mercados
Según un informe de Quantum, entre abril y julio el tipo de cambio oficial subió 10,2%, mientras el contado con liquidación avanzó 8,4%. El movimiento ocurrió en un contexto de fortalecimiento global del dólar, aunque la depreciación del peso argentino superó a la del peso chileno y el real brasileño. La presión cambiaria también reflejó una mayor demanda de cobertura ante la percepción de que el peso se había apreciado en términos reales.

El Tesoro emitió desde abril instrumentos USDL por casi US$11.000 millones, mientras el volumen negociado en el mercado secundario llegó a US$532 millones diarios en julio. En Rofex, el interés abierto creció desde US$2.790 millones en mayo hasta US$4.526 millones en julio. El BCRA, además, incrementó su posición vendedora en futuros de US$193 millones a US$492 millones y habría vendido cerca de US$1.000 millones en mercados libres entre abril y junio.
La intervención comenzó a moderarse en agosto: el volumen operado en Rofex cayó a US$1.029 millones diarios y el interés abierto bajó 13%, hasta unos US$3.900 millones. La estabilización redujo las expectativas de una depreciación inmediata, pero también profundizó el atraso relativo del dólar. En los últimos doce meses, la inflación fue de 33,8%, frente a una suba de apenas 13,9% del dólar vendedor del Banco Nación, una brecha que elevó 17,4% los precios medidos en moneda estadounidense.
