Citlalli Hernández, presidenta del Comité Nacional de Elecciones de Morena, lanzó un nuevo señalamiento contra Ricardo Salinas Pliego al recordar la toma de las instalaciones de CNI Canal 40 en el Cerro del Chiquihuite, ocurrida en diciembre de 2002. La dirigente calificó al empresario como “ladrón profesional” y describió la operación como un episodio que no debe borrarse de la memoria pública.

Un conflicto empresarial convertido en disputa política
Hernández afirmó que veía Canal 40 durante su infancia y lo recordó como un espacio de “buen periodismo”, pero sostuvo que dejó de seguirlo después de la intervención de TV Azteca. Su mensaje recupera un conflicto empresarial de hace más de dos décadas y lo inserta en el debate actual sobre la concentración de medios, la independencia editorial y el poder de los grandes grupos de comunicación.
La controversia comenzó con un acuerdo entre Corporación de Noticias e Información (CNI), encabezada por Javier Moreno Valle, y TV Azteca. El convenio contemplaba aportaciones de capital, comercialización de publicidad y una opción para adquirir hasta 51% de las acciones. CNI denunció posteriormente incumplimientos financieros y afectaciones a su autonomía editorial; por ello canceló el contrato y retiró contenidos de TV Azteca.
La ruptura derivó en una disputa legal por la operación de la frecuencia y las obligaciones económicas entre ambas compañías. En diciembre de 2002, un grupo de entre 20 y 30 hombres armados y encapuchados tomó la planta transmisora del Cerro del Chiquihuite, según reportes periodísticos de la época. TV Azteca sostuvo entonces que la ocupación fue pacífica y contó con respaldo legal, al ampararse en una resolución arbitral que, afirmó, le permitía reanudar las operaciones.
El señalamiento de Hernández no anuncia una nueva resolución judicial, pero vuelve a colocar el caso en la conversación pública. La diferencia entre las versiones sobre la toma —una intervención forzosa frente a una acción respaldada legalmente— explica por qué el episodio continúa siendo utilizado como símbolo de la pugna entre intereses empresariales, control mediático y libertad editorial.
