Canadá y Estados Unidos negocian arancel automotor del 15%

Los negociadores comerciales de Estados Unidos y Canadá analizan reducir del 25% al 15% los aranceles aplicados a los vehículos canadienses, en un intento por evitar una escalada que amenaza con afectar la producción automotriz y ampliar las tensiones entre ambos países. La posible rebaja dependería de cómo se contabilice el contenido de valor incorporado en cada automóvil, según tres fuentes familiarizadas con las conversaciones citadas el lunes.

La negociación tiene como fecha límite este miércoles, cuando está previsto que entren en vigor nuevos aranceles estadounidenses sobre otros productos canadienses valorados en unos 20.000 millones de dólares. Aunque el eventual acuerdo se concentraría inicialmente en el sector automotor, su alcance político sería mayor: permitiría a los dos gobiernos contener, al menos temporalmente, un conflicto comercial que ya involucra represalias, bebidas alcohólicas, acero y productos lácteos.

El contenido regional, núcleo de la disputa

El actual arancel estadounidense del 25% se impone al amparo de la Sección 232, una herramienta asociada con argumentos de seguridad nacional. La medida, impulsada por el presidente Donald Trump, ha generado preocupación entre fabricantes y proveedores de ambos lados de la frontera debido a la integración de las cadenas de suministro norteamericanas.

Una de las alternativas sobre la mesa consistiría en aplicar deducciones por el contenido de origen estadounidense instalado en los vehículos. Esa fórmula coincide con la práctica que Washington utiliza actualmente, pero no satisface a Ottawa, que reclama que también se descuente el valor de las piezas fabricadas en Canadá y México.

La diferencia no es menor. Un vehículo ensamblado en Canadá puede incorporar componentes procedentes de los tres países norteamericanos antes de llegar al mercado estadounidense. Si solo se reconocen las partes estadounidenses, el arancel efectivo seguiría siendo elevado para modelos cuya producción depende de proveedores canadienses o mexicanos. Si se considera todo el contenido regional, la carga podría caer a un porcentaje de un solo dígito, de acuerdo con representantes del sector.

Las fuentes no identificaron un acuerdo definitivo ni precisaron si la tasa del 15% sería uniforme para todos los vehículos. Algunos representantes de la industria dijeron a Reuters que cualquiera de las dos fórmulas de deducción supondría una mejora frente al gravamen vigente. Sin embargo, el mecanismo elegido determinará qué fabricantes se benefician más y cuánto del costo adicional terminaría trasladándose a los consumidores.

Una presión creciente sobre las plantas

El arancel amenaza con alterar una industria que funciona con piezas y vehículos cruzando repetidamente la frontera. Las plantas canadienses dependen de componentes estadounidenses y mexicanos, mientras que parte de su producción se destina al mercado estadounidense. Una tarifa del 25% puede reducir los márgenes de los fabricantes, encarecer los modelos y dificultar la planificación de turnos y compras.

La posibilidad de cierres temporales o de líneas de montaje ha sido planteada como uno de los principales riesgos. No obstante, el impacto no sería necesariamente uniforme. Las empresas con mayor proporción de componentes regionales podrían beneficiarse de una deducción amplia, mientras que los modelos que utilizan más piezas fabricadas fuera de Norteamérica quedarían expuestos a una tasa efectiva superior.

El debate también tiene una dimensión de competitividad internacional. Actualmente, los vehículos importados desde Japón, Corea del Sur y la Unión Europea enfrentan un arancel estadounidense del 15%, mientras que la mayoría de los automóviles británicos paga un 10%. Esas economías, según representantes del sector automotor norteamericano, cuentan además con mayor libertad para utilizar piezas chinas de menor costo, al no estar sujetas a los mismos requisitos de contenido regional.

Represalias y negociaciones paralelas

Durante la última semana, funcionarios canadienses y estadounidenses se han reunido diariamente para resolver los puntos de fricción. Canadá mantiene aranceles de represalia sobre determinados automóviles y productos de acero estadounidenses. Varias provincias también han retirado licores de Estados Unidos de los estantes de sus tiendas, una medida que afecta a empresas y distribuidores estadounidenses y que añade presión política a las conversaciones.

Washington, por su parte, ha expresado objeciones a la asignación canadiense de cuotas de importación para productos lácteos. Esta disputa se relaciona con el acceso al mercado, una cuestión recurrente en la relación bilateral y una fuente de desacuerdos desde la renegociación del acuerdo comercial de América del Norte.

Las conversaciones sobre los aranceles automotores son independientes de las negociaciones más amplias para renovar el acuerdo trilateral entre Estados Unidos, México y Canadá. En este momento, Washington negocia únicamente con México en ese proceso, lo que deja fuera a Ottawa de una discusión que podría redefinir las reglas comerciales de la región.

Un posible alivio, pero sin solución definitiva

Una reducción al 15% aliviaría la presión inmediata sobre los fabricantes canadienses, pero no resolvería todas las incertidumbres. Aún quedarían por definir la duración de cualquier exención, los criterios de origen, la supervisión aduanera y la posibilidad de que Washington vuelva a modificar las condiciones en futuras revisiones comerciales.

Para Canadá, lograr el reconocimiento del contenido procedente de México sería crucial para preservar la lógica de una cadena de suministro continental. Para Estados Unidos, limitar las deducciones al contenido nacional responde al objetivo de incentivar la producción interna y reducir la dependencia de proveedores extranjeros. El resultado de esa disputa determinará si el acuerdo funciona como una solución regional o como un alivio parcial condicionado por prioridades nacionales.

Las fuentes advirtieron que las conversaciones aún pueden fracasar antes del plazo del miércoles. Hasta que los gobiernos anuncien formalmente los términos, el arancel del 25% seguirá siendo el punto de referencia para la industria. La evolución del diálogo será observada también por Japón, Corea del Sur y la Unión Europea, cuyos fabricantes compiten directamente en el mercado estadounidense y podrían ver modificada su ventaja relativa si Norteamérica obtiene una tasa efectiva inferior. Con información de Reuters.

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