El gobierno interino de Venezuela publicó regulaciones que eliminan el dominio histórico de PDVSA sobre toda la cadena de valor del petróleo. El reglamento de 29 páginas, publicado en el Boletín Oficial, autoriza a empresas privadas a operar desde la extracción hasta la distribución de combustible, sin referencias a la estatal que dominó el sector desde 1943.
La superación del marco legal de 1943
La nueva Ley de Hidrocarburos aprobada en enero y su reglamento representan el primer cambio integral en ochenta años. Las normas anteriores concentraban decisiones en PDVSA y limitaban la participación privada a contratos de servicio. Ahora se permite propiedad y operación directa en exploración, refinación y comercialización, con un esquema fiscal diferenciado según riesgo geológico y ubicación de los activos.
Este giro responde a la necesidad de atraer capital extranjero tras el levantamiento parcial de sanciones estadounidenses. La urgencia aumentó tras los terremotos de junio que dañaron infraestructura energética y elevaron los requerimientos de reconstrucción.

Expansión del margen operativo para empresas privadas
Desde 2022 Chevron ya gestionaba campos bajo acuerdos especiales. Las nuevas reglas amplían ese modelo a toda la cadena: refinación, transporte y estaciones de servicio. El esquema fiscal contempla regalías variables entre 5 % y 20 % según la madurez del yacimiento y su ubicación, desde zonas contaminadas hasta bloques costa afuera.
La medida crea incentivos concretos para que operadores independientes evalúen activos que PDVSA abandonó por falta de mantenimiento. Un campo maduro en el lago de Maracaibo podría pasar de producción marginal a rentable si el operador aplica tecnologías de recuperación mejorada sin la burocracia anterior.
Reconfiguración de la presencia de Chevron y nuevos entrantes
Chevron obtiene ventaja competitiva inmediata por su experiencia operativa en Venezuela. Sin embargo, el reglamento abre la puerta a empresas europeas y asiáticas que evalúan riesgos regulatorios y de reputación. El hecho de que el documento omita cualquier mención a PDVSA reduce la percepción de interferencia política en contratos futuros.
Analistas del sector estiman que la inversión requerida para estabilizar la producción en 1,5 millones de barriles diarios supera los 25 000 millones de dólares en cinco años. Solo una porción de ese monto provendrá de la estatal; el resto dependerá de capital privado que ahora cuenta con reglas claras de repatriación de utilidades.
La variable sísmica y la presión sobre plazos
Los terremotos del 24 de junio dañaron terminales de exportación y refinerías. La administración de Delcy Rodríguez vinculó explícitamente las nuevas normas con la reconstrucción, señalando que los ingresos petroleros financiarán obras de infraestructura. Esta correlación acelera los tiempos de implementación pero también expone al sector a riesgos operativos si los sismos recurrentes afectan instalaciones recién privatizadas.
Riesgos de gobernanza y retorno de prácticas opacas
La desaparición de PDVSA como actor central elimina un canal histórico de corrupción, pero también elimina un mecanismo de control estatal sobre volúmenes y precios. Sin una agencia reguladora independiente con capacidad técnica, existe el riesgo de que contratos favorables a empresas extranjeras se negocien sin transparencia suficiente. La experiencia de otros países latinoamericanos muestra que marcos fiscales flexibles pueden derivar en renegociaciones abruptas cuando cambian los precios del crudo.
Escenarios de producción y precios internos
Si las regulaciones se aplican sin demoras, la producción podría alcanzar 1,8 millones de barriles diarios hacia 2028, siempre que el precio del Brent se mantenga por encima de 65 dólares. El combustible para el mercado interno se beneficiaría de mayor competencia en distribución, aunque persiste el desafío de subsidios que aún representan una carga fiscal significativa.
En el peor escenario, retrasos en la adjudicación de bloques y disputas sobre pasivos ambientales heredados podrían limitar el flujo de inversión a menos de 8 000 millones de dólares anuales. En ese caso, Venezuela seguiría dependiendo de exportaciones de crudo pesado con márgenes reducidos.
Implicaciones para la geopolítica energética regional
La apertura venezolana coincide con la estrategia estadounidense de diversificar suministros fuera de Oriente Medio. Países como Brasil y Guyana observan el proceso con atención, ya que un aumento sostenido de la oferta venezolana podría presionar los precios regionales del crudo. Al mismo tiempo, la ausencia de PDVSA reduce la influencia de China y Rusia en la renegociación de deuda petrolera.
El éxito de la reforma dependerá de la capacidad del gobierno interino para mantener coherencia regulatoria durante al menos dos ciclos electorales. Cualquier reversión abrupta de las condiciones fiscales ahuyentaría el capital que ahora evalúa proyectos de ciclo largo en Venezuela.
