Nuclearelectrica negocia reservas de uranio de Níger

La empresa estatal rumana Nuclearelectrica SA ha presentado una propuesta para adquirir aproximadamente un tercio del uranio extraído en Níger, según documentos e informaciones difundidas por medios locales. La iniciativa se produce en un momento de creciente disputa entre las autoridades nigerinas y la compañía francesa Orano por el control y la propiedad de las reservas, y podría abrir una nueva vía comercial para un recurso considerado estratégico para la generación de energía nuclear.

Los documentos citados reflejan intercambios entre Nuclearelectrica, el Gobierno de Níger y la Sociedad del Patrimonio de las Minas de Níger, conocida como Sopamin. La información disponible no precisa si la propuesta rumana se refiere a una compra directa del mineral, a una participación en la producción futura o a un acuerdo de comercialización. Tampoco se han divulgado públicamente el volumen exacto, el precio ni el calendario de una eventual operación.

Una oferta en medio de una disputa abierta

El uranio se encuentra en el centro de un conflicto que enfrenta a Niamey con Orano, uno de los principales operadores internacionales del sector. La compañía francesa mantiene una participación del 63,4 % en Somair, sociedad que explota la mina de Arlit, mientras que Sopamin representa los intereses del Estado nigerino. La estructura accionarial, sin embargo, no ha impedido que ambas partes discrepen sobre la gestión de la mina, el destino del mineral y los derechos sobre las reservas almacenadas.

En 2024, la junta militar que gobierna Níger asumió el control operativo de Somair y se negó a autorizar la exportación de su producción. La medida agravó el enfrentamiento con Orano, que sostiene que sus derechos contractuales y societarios deben ser respetados. Las autoridades nigerinas, por su parte, han defendido una mayor soberanía sobre los recursos naturales y han cuestionado el reparto de beneficios derivado de la explotación minera durante décadas.

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Más de mil toneladas de uranio permanecen bloqueadas en una base militar del aeropuerto de Niamey. La existencia de ese cargamento convierte la disputa en un problema que va más allá de la dirección de una empresa: afecta a la custodia física del material, a su posible exportación y a la capacidad de las partes para cumplir compromisos comerciales previamente adquiridos.

La posición expresada por el Gobierno nigerino

El presidente de transición de Níger, Abdourahamane Tiani, ofreció enviar a Francia la parte del uranio que correspondiera al país europeo y reconoció que no todas las reservas pertenecen a Níger. Sus declaraciones introducen un matiz relevante en el debate, ya que sugieren que las autoridades distinguen entre la propiedad estatal del subsuelo, las participaciones empresariales y los derechos contractuales de los socios extranjeros.

La afirmación también puede interpretarse como un intento de establecer una base de negociación con Orano. Aunque Niamey reclama mayor control sobre la actividad minera, el reconocimiento de derechos ajenos podría facilitar una salida pactada para el mineral ya extraído. No obstante, todavía no existe confirmación de que Francia haya aceptado esa fórmula ni de que el material bloqueado pueda ser trasladado mientras continúen las diferencias sobre la operación de Somair.

Interés rumano y valor estratégico del mineral

Para Nuclearelectrica, el posible acuerdo ofrecería acceso a una fuente adicional de uranio en un contexto europeo marcado por la preocupación sobre la seguridad del suministro nuclear. Rumanía opera centrales nucleares y utiliza combustible basado en uranio para producir electricidad, por lo que la diversificación de proveedores puede reducir su exposición a interrupciones logísticas o a tensiones geopolíticas.

La propuesta, sin embargo, no garantiza por sí misma un suministro inmediato. La producción de Somair se encuentra condicionada por el conflicto societario, las restricciones a la exportación y la situación de seguridad en el norte de Níger. Además, el uranio extraído necesita ser procesado y convertido en combustible mediante distintas etapas industriales, algunas de las cuales se realizan fuera del país productor. Cualquier operación tendría que superar, por tanto, requisitos regulatorios, financieros y logísticos antes de generar un flujo estable para el comprador.

El interés de una compañía europea puede aumentar la presión sobre las partes para alcanzar un acuerdo, pero también puede complicar las negociaciones si se percibe como un intento de transferir la producción disputada a un nuevo comprador. La cuestión central será determinar quién puede disponer legalmente del material, bajo qué contrato y con qué garantías para los accionistas y para el Estado nigerino.

Un sector condicionado por la política

Níger ha sido durante años uno de los productores relevantes de uranio del mundo y un proveedor importante para el mercado europeo. La relación con Francia se deterioró tras el golpe militar de 2023 y la posterior reorientación de la política exterior nigerina. Desde entonces, las autoridades de transición han revisado acuerdos con empresas extranjeras y han buscado reforzar la participación estatal en sectores considerados esenciales.

El desenlace de la disputa tendrá consecuencias para las inversiones futuras y para la reputación de Níger como destino minero. Una solución negociada podría preservar la producción, aclarar las responsabilidades de los socios y permitir la salida gradual del material almacenado. Un conflicto prolongado, en cambio, amenaza con reducir la actividad de Somair, deteriorar el valor de las reservas y retrasar cualquier acuerdo con Nuclearelectrica u otros compradores internacionales.

Por ahora, la propuesta rumana representa una señal de interés comercial, no un acuerdo cerrado. Su viabilidad dependerá de la resolución del conflicto entre Niamey y Orano, de la definición de los derechos sobre las reservas y de la autorización para exportar el uranio. Mientras esas condiciones no se aclaren, el material almacenado en Niamey seguirá siendo tanto un activo económico como una pieza de la disputa política que rodea al sector minero nigerino.

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