México cerró mayo con un superávit comercial de 2.259 millones de dólares, impulsado por un aumento del 25,4 % en las exportaciones totales hasta 69.544 millones. El dato, difundido por el Inegi, representa un crecimiento del 83,4 % frente al mismo mes de 2025 y sigue al excedente de abril. Las ventas no petroleras, que representan la mayor parte del flujo, crecieron 25,6 % y se dirigieron principalmente a Estados Unidos.

El retroceso mensual frente a abril se explica por la reducción del superávit no petrolero y el mantenimiento del déficit petrolero. Las importaciones, por su parte, subieron 24 % hasta 67.285 millones de dólares, con las compras de hidrocarburos creciendo a mayor ritmo (27,9 %). Esta dinámica refleja una economía que sigue dependiendo de insumos importados para sostener su aparato manufacturero orientado a la exportación.
Resiliencia manufacturera ante riesgos externos
El resultado confirma la fortaleza del sector manufacturero mexicano y su integración con el mercado estadounidense bajo el T-MEC. Sin embargo, la persistencia del déficit petrolero y la elevada dependencia de un solo destino comercial exponen al país a fluctuaciones de precios energéticos y a posibles cambios en la política arancelaria. Los pronósticos del FMI y el Banco Mundial sobre una posible recesión, aunque eludidos hasta ahora, siguen vigentes si se materializan nuevas barreras comerciales.
Balance y perspectiva
El superávit de 2025, de 771 millones de dólares, contrasta con el déficit de 2024 y muestra una balanza más equilibrada gracias a la diversificación parcial de mercados y al menor peso relativo del petróleo. No obstante, el crecimiento de las importaciones no petroleras indica que el dinamismo exportador sigue requiriendo insumos externos, lo que limita el efecto neto sobre las reservas internacionales. La trayectoria futura dependerá de la estabilidad del T-MEC y de la capacidad de México para absorber shocks externos sin perder competitividad.
