La inflación de julio se ubicó otra vez por encima del 2% mensual y confirmó que la desaceleración de precios sigue sin ganar velocidad. Según el último informe del Indec, el índice de precios al consumidor subió 2,1% en el mes, una décima más que en junio, y acumuló una variación interanual de 33,8%. El dato volvió a colocar en primer plano la tensión entre la estacionalidad de invierno, la evolución del tipo de cambio y la persistencia de una inflación núcleo que todavía no cede con firmeza.
Para varios economistas, el resultado estaba dentro de lo esperable. La referencia inmediata fue el IPC de la Ciudad de Buenos Aires, que había marcado 2,9% mensual la semana anterior y anticipó un mes más recalentado. Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, sostuvo que la cifra “no sorprende” y señaló que “el proceso de desinflación será lento y sinuoso”. Su lectura apunta a un patrón que se repite desde hace meses: cada mejora en la dinámica general convive con impulsos puntuales que frenan una baja más rápida del índice.

Vacaciones de invierno y precios estacionales
El componente más señalado por los analistas fue el efecto de las vacaciones de invierno sobre turismo, recreación y gastronomía. El informe oficial mostró que los precios estacionales subieron 4,5% en julio, con una incidencia visible en la división “Recreación y cultura”, que avanzó 5%, y en “Restaurantes y hoteles”, que aumentó 2,8%. La dinámica no fue ajena a la mayor demanda de viajes y salidas durante el receso escolar, un factor que suele concentrarse en un solo mes y distorsionar la lectura de corto plazo.
Casas explicó que la estacionalidad tuvo un papel decisivo, aunque no exclusivo. Señaló que el dato de julio estuvo impulsado por la suba de los precios estacionales, en especial los vinculados a recreación y cultura, pero advirtió que la inflación núcleo también se movió al alza, hasta 1,8% mensual. Esa combinación es relevante porque indica que el rebote no respondió únicamente a un pico transitorio: parte de la presión alcanzó bienes y servicios más sensibles a la dinámica interna de la economía.
Julián Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, coincidió en dividir el fenómeno entre factores estacionales y estructurales. En su evaluación, los bienes y servicios ligados al turismo y las actividades recreativas subieron con fuerza por el aumento de la demanda de invierno, y los estacionales aportaron 0,41 puntos porcentuales al índice general. Aldo Abram, director ejecutivo de la misma fundación, añadió que julio suele mostrar ese comportamiento porque durante las vacaciones crecen los gastos en entretenimiento, transporte, hoteles y restaurantes, rubros que suelen trasladar ese mayor movimiento a precios.
La brecha entre Nación y Ciudad
La diferencia entre el IPC nacional y el de la Ciudad también llamó la atención. Mientras el índice porteño había mostrado un alza de 2,9%, el relevamiento del Indec cerró en 2,1%. Eric Ritondale, economista jefe de Puente, explicó que la distancia obedece al mayor peso que turismo, restaurantes y hoteles tienen en la canasta de la Ciudad, frente a una ponderación menor en el índice nacional. Esa diferencia metodológica atenúa el impacto de los rubros más sensibles a la estacionalidad de invierno en el promedio general.
Desde LCG ofrecieron una lectura similar y remarcaron que el dato nacional estuvo en línea con lo esperado, aunque lejos del anticipo porteño. Según esa consultora, los aumentos de los estacionales vinculados al turismo fueron claramente más bajos a nivel nacional que en la Ciudad, lo que ayudó a moderar la suba total. Esa divergencia no elimina la presión inflacionaria, pero sí muestra que el movimiento de julio no fue homogéneo y que el efecto del receso invernal se sintió con distinta intensidad según la composición de cada canasta.
Dólar, tarifas y núcleo
Además del factor estacional, Neufeld ubicó al tipo de cambio mayorista entre las causas que presionaron sobre los precios, sobre todo en alimentos y bebidas no alcohólicas. La depreciación acumulada entre mayo y julio, cercana al 6%, habría reforzado el pass through sobre bienes transables, con impacto más visible en un rubro que tiene fuerte peso en la canasta. El informe del Indec mostró que alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 2,0% en julio, una variación que, sin ser extrema, confirma que la transmisión cambiaria siguió presente.
Otro elemento mencionado fue el ajuste en tarifas de servicios públicos. Según Abram, esas subas también empujaron el índice por encima del 2%, algo que coincide con el incremento de 2,1% en precios regulados informado por el Indec, con alzas en transporte público, electricidad y prepagas. En paralelo, la inflación núcleo pasó de 1,6% en junio a 1,8% en julio, un movimiento que los economistas siguen con atención porque marca la velocidad real del proceso de desinflación. Casas remarcó que, aunque todavía muestra resistencia, espera que esa variable vuelva a una trayectoria descendente en los próximos meses, una condición necesaria para que la baja de la inflación deje de depender solo de factores puntuales de cada mes.
