Miles de trabajadores surcoreanos iniciaron una protesta laboral sin precedentes frente a la incorporación masiva de robots humanoides en las fábricas de Hyundai. La acción responde a la decisión de la empresa de desplegar máquinas de Boston Dynamics en tareas de manufactura, logística e inspección, lo que genera temor por la pérdida acelerada de empleos.

A diferencia de los robots industriales fijos, estos humanoides pueden desplazarse y adaptarse a entornos variables, lo que amplía el espectro de funciones que podrían sustituir. Los sindicatos argumentan que la automatización avanza sin garantías de reconversión laboral ni reparto de beneficios, en un país donde el sector manufacturero sostiene a miles de familias.
Un conflicto que trasciende a Hyundai
El malestar no se limita a una sola compañía. En Samsung, 48.000 trabajadores amenazaron con una huelga para exigir mayor participación en las ganancias derivadas de la inteligencia artificial. Tras negociaciones, obtuvieron mejoras salariales, pero el episodio revela una tensión estructural: la distribución desigual de los frutos de la automatización.
El nuevo eje de las disputas laborales
Hasta ahora, las huelgas se centraban en salarios y condiciones. El caso coreano señala el surgimiento de un nuevo tipo de conflicto vinculado directamente a la sustitución tecnológica. McKinsey estima que el 60 % de las tareas manufactureras pueden automatizarse con tecnología existente, lo que anticipa negociaciones globales sobre capacitación, protección del empleo y reparto de productividad.
La protesta en Corea del Sur no es un episodio aislado, sino la primera señal clara de que la integración de robots humanoides ha dejado de ser un debate teórico para convertirse en una cuestión laboral inmediata.
