Los datos del IMSS para el primer semestre de 2026 revelan una desaceleración persistente en la creación de plazas formales que ya no puede atribuirse únicamente a factores coyunturales. Jalisco, uno de los estados con mayor dinamismo industrial del país, perdió 18 mil 626 empleos solo en junio, cifra que contrasta con la generación de apenas cinco mil 585 plazas acumuladas entre enero y junio. Este resultado representa apenas una tercera parte de lo registrado en el mismo periodo de 2025 y se ubica muy por debajo de la meta anual de 26 mil nuevos empleos que el propio gobierno estatal había fijado.
Raíces estructurales de la desaceleración laboral
La evolución del empleo formal en México durante la última década muestra un patrón de crecimiento que dependía fuertemente de la inversión extranjera directa y de la expansión de cadenas de suministro vinculadas al nearshoring. Entre 2016 y 2025, el promedio de creación de empleos en el primer semestre alcanzaba los 385 mil 762 puestos anuales. La caída a 262 mil 628 en 2026 indica que ese impulso ha perdido fuerza. En Jalisco, la combinación de menor ritmo de nuevas inversiones manufactureras y ajustes en sectores como el automotriz y el electrónico ha amplificado el efecto nacional. La pérdida de certidumbre jurídica derivada de cambios regulatorios frecuentes y la percepción de inseguridad en ciertas zonas industriales han llevado a varias empresas a posponer expansiones planeadas para 2025 y 2026.
Las micro, pequeñas y medianas empresas, que generan más del 70 por ciento del empleo formal en el estado, enfrentan además un entorno crediticio más restrictivo. Las tasas de interés elevadas han encarecido la renovación de capital de trabajo, obligando a muchas mipymes a reducir plantillas antes que asumir nuevos compromisos financieros. Esta dinámica no es exclusiva de Jalisco, pero el estado, por su alta concentración de proveedores de la industria automotriz, ha registrado una contracción más visible que otras entidades con economías más diversificadas.

Impacto inmediato en el tejido productivo y las familias
La pérdida de 18 mil 626 empleos en un solo mes tiene efectos multiplicadores que trascienden el dato estadístico. Cada puesto formal perdido reduce el consumo local en aproximadamente 18 mil pesos mensuales en promedio, según estimaciones del propio sector patronal. Sectores como el comercio minorista, la restauración y los servicios personales comienzan a registrar caídas en ventas que, de prolongarse, podrían traducirse en nuevos recortes de personal durante el segundo semestre. Las familias afectadas enfrentan además la interrupción de prestaciones del IMSS, lo que incrementa la presión sobre sistemas estatales de salud y asistencia social ya saturados.
En municipios como El Salto, Tlajomulco y Tlaquepaque, donde se concentra gran parte de la industria ligera, las organizaciones empresariales locales reportan un aumento en solicitudes de apoyo para trabajadores despedidos. Aunque no existen cifras oficiales actualizadas, el flujo de consultas a los centros de empleo municipales ha crecido entre 25 y 30 por ciento respecto al mismo mes del año anterior. Esta situación genera un círculo vicioso: menor consumo reduce ingresos fiscales municipales, lo que limita la capacidad de los gobiernos locales para implementar programas de reconversión laboral.
Consecuencias de mediano y largo plazo para la competitividad estatal
La erosión de la confianza empresarial tiene efectos que van más allá del empleo inmediato. Cuando las empresas perciben que el entorno regulatorio y de seguridad jurídica no ofrece estabilidad, posponen decisiones de inversión que tardan años en materializarse. Jalisco ha competido exitosamente por proyectos de semiconductores y electromovilidad durante los últimos tres años; sin embargo, varios de esos proyectos se encuentran ahora en etapa de revisión interna por parte de las matrices extranjeras. Una pérdida sostenida de empleos formales podría traducirse en menor capacidad para atraer talento calificado, ya que los profesionistas jóvenes tienden a emigrar hacia estados o países donde las oportunidades de carrera resultan más predecibles.
Desde la perspectiva fiscal, cada empleo formal perdido representa una merma en la recaudación de impuestos federales y estatales. El IMSS calcula que cada puesto formal aporta en promedio 48 mil pesos anuales en cuotas obrero-patronales. Multiplicado por los 18 mil 626 empleos perdidos en junio, la cifra supera los 890 millones de pesos en aportaciones que dejarán de recibirse en los próximos doce meses si no se revierte la tendencia. Estos recursos financian parte del sistema de pensiones y servicios de salud, por lo que su reducción añade presión sobre las finanzas públicas federales y estatales en un momento en que el gasto en infraestructura ya enfrenta recortes.
Condiciones para revertir la tendencia
El llamado de Coparmex Jalisco a fortalecer el Estado de derecho, simplificar la regulación y respaldar a las mipymes coincide con diagnósticos emitidos por otros organismos empresariales a nivel nacional. La experiencia de entidades que lograron revertir caídas similares, como Nuevo León entre 2019 y 2021, muestra que la coordinación entre gobierno estatal, cámaras empresariales y universidades para programas de capacitación rápida puede acelerar la recolocación de trabajadores. Sin embargo, esos programas requieren financiamiento estable y reglas claras de operación que hasta ahora no se han consolidado en Jalisco.
La recuperación del empleo formal dependerá también de la capacidad del estado para mantener y atraer proyectos de inversión que generen encadenamientos productivos locales. Si las empresas siguen percibiendo que los costos de cumplimiento regulatorio y los riesgos operativos superan las ventajas de localización, la tendencia observada en junio podría prolongarse durante el resto del año y afectar las metas de crecimiento económico planteadas para 2027.
